¿Cuanto nos cuestan las fuerzas armadas?

Las secretarias de Defensa Nacional y Marina aguardan recibir un refuerzo presupuestal de poco más de 13, 500 millones de pesos para el ejercicio de 2018. Este esfuerzo, si bien marginal, dejará al país financiar proyectos de inversión que tuvieron que ser aplazados debido a las dificultades económicas que enfrentó desde 2015.

Es importante que este refuerzo vaya acompañado de un incremento cualitativo en cuanto a trasparencia y rendición de cuentas,así como de políticas públicas que liguen la inversión al desarrollo nacional.

Medir y cotejar presupuestos de defensa a nivel del mundo es un ejercicio académico complicado por varias razones, desde tomar en cuenta modelos contables distintos hasta identificar fuetes tan diferentes de financiamiento para el sector defensa, que habitualmente van más allá de los ministerios de defensa o de hacienda. Aún más difícil es poder discriminar las misiones que realizan las fuerzas armadas de cada país, puesto que estas son heterogéneas.

No será exactamente el mismo nivel de inversión para una fuerza armada que se usa únicamente para defensa ex- terior al de una fuerza armada cuyos orden incluye también seguridad interior, protección de instalaciones estratégicas, monitoreo de fronteras, respuesta a desastres naturales, campañas de alfabetización, alimentación, reforestación, erradicación… como las Fuerzas Armadas mexicanas.

Sin embargo, hay reglas generales para poder generar análisis comparativos del nivel de financiamiento asignado al ámbito militar en cada país. De acuerdo con el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el gasto militar a nivel mundial durante dos mil dieciseis sumó 1.69 billones de dólares americanos, lo que equivale a dos.2 por ciento del PIB mundial.

Desde luego que hay países cuya proporción de gasto es considerablemente mayor, por poner un ejemplo conforme con SIPRI el presupuesto militar de Omán representó en 2016 dieciseis por cien de su PIB, el de Arabia Saudí 10.4 por cien , Israel cincuenta y ocho por cien y Rusia cincuenta y tres por cien . En América del Norte, el presupuesto de USA representó tres.3 por cien de su PIB y en Canadá 1 por cien . En América del Sur el promedio fue de dieciseis por ciento del PIB, con Colombia a la cabeza con 3.4 por cien , seguido por Ecuador con dos.2 por ciento y Uruguay con dos por ciento .

Ningún país invirtió menos de 1 por ciento de su Producto Interior Bruto en defensa. México invirtió 0.58 por ciento , solo Guatemala y Nicaragua invirtieron menos con 0.38 por cien y 0.55 por ciento respectivamente.

La comparativa se vuelve terrorífica cuando SIPRI efectúa un análisis por cabeza y halla que el promedio de inversión fue de US$ 246 dólares americanos por cabeza a nivel del mundo y en México fue de US dólares americanos cuarenta y dos.

Esto no es un fenómeno nuevo, al contrario es una tendencia histórica, la inversión ha sido tradicionalmente baja en el ámbito defensa y es un síntoma crónico del poco interés que le ha prestado el sector político a las fuerzas armadas, pues las ve como antibiótico para remediar a corto plazo su desinterés en crear policías efectivos y sinceros.

Y la culpa no es solo del sector político, el sector académico asimismo ha -en buena manera- ignorado a las fuerzas armadas y cuando no las ignora las critica tal y como si fueran policías civiles, ya sea por carencia de capacidad analítica o bien por profundos prejuicios personales que obedecen a otras generaciones pasadas.

El sector empresarial por su parte, acostumbrado a los tratos de grises a deplorables con gobiernos locales, estatales y federales se les acerca con ojos seductores para hacer “business” o bien creen que efectuarles donacio- nes es su deber patrio.

Todo esto repercute para que las fuerzas armadas no se desarrollen integralmente y su rendición de cuentas permanezca en niveles de trasparencia muy básicos. El que las fuerzas armadas publiquen documentos de rendición de cuentas sin más ni más detalle que “Adquisición de activos para realizar operaciones sus- tantivas” no demuestra ni seriedad, ni compromiso con la transparencia.

Es un obvio cobijo en la opacidad para evadir el escrutinio de ámbitos iletradas en temas de defensa. Pero alguien tiene que comenzar un discurso adulto. Los 13,501 millones de pesos, de los que Sedena espera recibir 9,485 millones y Semar cuatro,016 millones elevarían la inversión en defensa del 0.58 por ciento al 0.65 por ciento del Producto Interior Bruto aproximadamente, es marginal, mas es un principio. ¿En que se marchan a invertir?

Para verdaderamente aprovechar este refuerzo de trece,501 millones de pesos en el rubro llamado “Previsión para el fortalecimiento de Infraestructura Naval y Militar” se precisa de mucha trasparencia y de ligar las adquisiciones con la base industrial nacional. ¿A qué me refiero con eso? Que si se van adquirir -por poner un ejemplo- helicópteros, se procuren crear las condiciones necesarias a través de contratos de compensaciones industriales para 1) que los distribuidores establezcan contratos con compañías mexicanas para el suministro de partes y componentes, sumándose a cadenas de suministro globales; dos) involucrar a compañías mexicanas en el desarrollo de componentes tecnológicos específicos; 3) que el mantenimiento de esos helicópteros y de gran parte de sus subsistemas se realice en México por ingenieros mexicanos, preferentemente por compañías privadas que contratan personal y pagan impuestos en México y; cuatro) que establezcan proyectos de trasferencia de tecnología y conocimiento con universidades y centros de desarrollo de tecnología mexicanas. Esto no sólo afecta a la economía nacional, ayuda a asegurar el buen desempeño de operación de sus equipos para todas las misiones ya antes referidas.

Bien planeado e incorporado, un aumento si bien sea marginal –como éste- tiene el potencial de provocar un círculo activo para la economía nacional en corto y largo plazos, eso sí, si bien parezca que cuesta trabajo, sólo servirá si está acompañado de mucha, mucha trasparencia.

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